Una voz conocida de antaño pronostico una visita nocturna que traería un regalo entre los dedos del alma. Unas horas. Un abrazo y "
mirá que te traje". El papel blanco escondía a
Amélie; la explicación seguida de... "Es tan parecida a vos, la
vi y no dejé de recordarte" Mates y cigarrillos y casi dos horas de contemplación profunda y
surrealista. Verme, saberme un poco así y me entraba el pudor por ser una tonta crónica, cursi y voladora... Esa
vergüenza que de a ratos se hace orgullo, como cada día de estos 25 años. Recuerdos infantiles, soledad constante, sueños cumplidos, lágrimas brotando, compartir incluso lo incompartible, problemas ajenos como propios, cobardía que puja para ser valiente, pararse frente al otro como un espejo, tanto amor, imaginación que transporta, perder horas y ganar tiempo cósmico, a veces ser y otras dejar de ser, el sabor de lo simple, perderle la pasión a lo complejo y retorcido, amistades compañeras de camino, arte y vida...

Y así fue que conocí a
Amélie mirándome a mí misma...