Fue verlas en un cajón para comprender... Malgastar el tiempo o soltarlo poco, no dejarlo ir o correrlo. Atarse a las situaciones como si fueran eternas sin comprender que lo etéreo siempre está en la piel que duerme sobre cada cuerpo... Sólo me bastó saberlas sin aire, pasear mis dedos fríos sobre sus narices calientes para entender todo lo que quedaba de mí en mi partícula de mundo.
El no retorno con el choque de ideas filosóficas que no sirvieron jamás de respuestas... Tantas preguntas vacías de conceptos, llenas de moral... Dolor, lágrimas: ojos partiéndose para renacer. Morir en el cuerpo y volver a la vida hecha sin-sustancia. Transformación de mis pupilas, ojos clarividentes... Y... Mucho dolor en el centro de la garganta.
Un espejo cruel de tiempo y... La puta madre!... Tan poca valoración de toda vida! Palabras dulces... Mentes empalagadas aún alrededor de tanta sal. Y yo y mi hacha en una mano y la mitad de mi cerebro en la otra... Yo, parada ante el mundo, sola, mirando mi existencia y hablando de combates diarios, peleando contra mi, tratando de romper esos edificios de metales duros que creé, esas muertes chicas que me sembré en torno a mi existencia... Y las otras dos muertas... Ya sin huesos... Y sin almas...
Aún creo que les llega mi calor pero ya es tarde y las tumbas están preparadas para cerrarse. Vuelvo a mí mis partículas y me llevo no sólo este dolor sino la certeza de que lo extremo abre puertas... Y de haberlo sabido antes, no hubiese elegido tantas veces esa pared contra mi cabeza... Esa cabeza manchando esta pared...
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